Una de las premisas para esta movilidad (en la que hemos participado los docentes Juan Ramón Tomás, Nuria Castellanos, Leticia Delgado y Ana Matesanz) es que pudiéramos sacar el máximo en nuestra formación como docentes, motivo por el cual elegimos un país de habla inglesa para así mejorar nuestro nivel de inglés durante las dos semanas que duraban nuestros cursos. Además, cabe destacar lo enriquecedor que ha sido para nosotros a nivel cultural, un aspecto que sin duda explotaremos con nuestro alumnado en un futuro cercano (de momento, ya tenemos previsto trabajar esto a nivel de centro con la celebración de Saint Patrick’s Day). Pero bueno, vayamos al grano de este post.

Dublín es una ciudad rica en patrimonio cultural. Gracias a la adecuada ayuda prestada por las instituciones, los dublineses han sabido conservar esta riqueza cultural que se puede observar en sus calles, monumentos o zonas naturales.

Si queremos disfrutar de todo lo que Dublín nos puede ofrecer, es necesario acudir a los distintos puntos clave que ofrece la ciudad, empezando por sus museos, donde se conservan piezas de un valor histórico, cultural o artístico incalculable. Muestra de ello son el Irish Museum of Modern Art o el Bank or Ireland Arts Centre. El jardín botánico es otro lugar de interés a las afueras de la ciudad donde encontrar hermosas especies de la flora autóctona y de otras zonas.

El centro histórico de Dublín nos ofrece multitud de lugares interesantes para visitar. Nosotros, concretamente, concertamos un free tour por la ciudad para conocer la historia y los monumentos y espacios que marcaron el devenir de su pueblo.

El castillo de Dublín fue el punto de partida para conocer un poco más sobre la invasión británica que duró varios siglos hasta llegar a la independencia de la República Irlandesa.

Paseando por sus alegres calles llenas de tabernas y música en directo llegamos hasta un pequeño asentamiento vikingo, que es el pueblo fundador de Irlanda. Estos restos se encuentran junto a la Catedral de La Santísima Trinidad, de carácter anglicano, a diferencia de la Catedral de San Patricio que es católica.

El río Liffey divide la ciudad en norte y sur, y son numerosos los puentes que unen ambas partes, sobre todo  Ha´Penny  Bridge, que era el medio penique que costaba atravesarlo.

Nuestro primer tour finaliza en Trinity College, la universidad más importante y antigua del país, la cual en sus principios estaba destinada, únicamente, a los anglicanos. Hay que destacar su biblioteca, con casi 3 millones de ejemplares repartidos en 8 edificios. Posee uno de los mayores tesoros literarios a nivel mundial, el libro de Kells, que es un manuscrito escrito en latín de los evangelios escrito por monjes.

Y no puede faltar un paseo por sus alegres calles repletas de tabernas, música y pintas de cerveza. La calle más emblemática es Temple Bar, también conocida como la calle que nunca descansa.

El clima irlandés propicia espacios naturales idóneos para pasear o descansar. Ejemplo de ello son St. Stephens Green, Phoenix Park, donde es posible alimentar ciervos que viven en total libertad y que se mezclan con los visitantes o Merrion Square, donde puedes encontrar una estatua dedicada a Oscar Wilde.

Varias son las excursiones que hicimos para conocer el país más a fondo y empaparnos de su cultura y sus gentes.

The Giant´s Causeway, situado en la costa noreste del país, es una zona donde podemos encontrar más de 40 000 columnas de basalto formadas al enfriarse la lava de un antiguo volcán, aunque cuenta la leyenda que no son más que piedras que colocó un gigante para construir un puente y a su paso y debido a su peso, quedaron con esta peculiar forma.

 

De vuelta a Dublín, hicimos una parada para conocer otra gran ciudad, Belfast. Es la capital de  Irlanda del Norte y por tanto es territorio inglés. Ese día se celebraba el “Día del orgullo” y el ambiente era festivo.

HOWTH, es un pequeño pueblo turístico y pesquero al que se accede en tren desde Dublín y que tiene como principales puntos de interés el castillo, la abadía, y sus famosos acantilados y sendas para pasear.

No podemos acabar sin hablar de un punto clave en la cultura dublinesa como son sus tabernas y su comida. Grifos de diferentes tipos de cervezas, donde la negra es la reina, sidra de diferentes sabores y su comida tradicional basada en ternera y con base de patatas, beans…

Dublín es una ciudad muy cosmopolita e idónea para aprender inglés, ya que su gente es muy acogedora, empática y divertida. Su cultura y tradición, así como los dublineses te atrapan al instante. Apostar por Dublín para nuestra movilidad fue todo un acierto.